jueves, 1 de agosto de 2024

LA ESCUCHADORA



Hola seguidores incondicionales de este blog. No soy psicóloga, ni psiquiatra, ni tengo un máster en medicina cuántica. No adivino el futuro, no te doy consejos, no soluciono tus problemas, en mis manos no llevo ninguna varita mágica, puedo sugerirte algo, si así lo deseas pero.... ¡Te escucho! 
Escucho tus alegrías y tus penas, tus amores y desamores, tus pobrezas y riquezas, tus enfermedades y tus curaciones, tus soledades y tus compañías, tus proyectos, tus desánimos, tus vacíos y tus miedos. Si ha perdido tu equipo te escucho, si ha ganado te escucho. Escucho tu poesía, tu relato. Escucho todo aquello que tengas necesidad de contar y no sabes a quien. 
Discreción absoluta. Ni siquiera nos veremos. Mi trabajo es a través del teléfono o si lo prefieres puedes escribirme una carta.
Si tienes necesidad de que alguien te escuche haz un donativo 
y marca el numero de teléfono..... 

domingo, 17 de julio de 2016

ESCUCHAR. EL LIBRO DE LA VIDA. Krishnamurti

Escuchar con facilidad  
¿Alguna vez se ha sentado usted muy silenciosamente, no con la atención fijada en algo, no haciendo un esfuerzo para concentrarse, sino con la mente muy quieta, realmente silenciosa? Entonces escucha todo, ¿no es así? Escucha tanto los ruidos lejanos como los que están más próximos, y también los sonidos inmediatos, muy cercanos a usted, lo cual significa que presta atención a todo. La mente no está restringida a un solo canal estrecho y pequeño. Si puede escuchar de este modo, con facilidad, sin esforzarse, hallará que dentro de usted se produce un cambio extraordinario, un cambio que adviene sin que ponga voluntad en ello, sin que lo pida; en ese cambio hay gran belleza y profundidad de discernimiento.  

sábado, 21 de mayo de 2016

VERDAD VERDADERA. CASO 432

Él me quiere, lo sé, es lo único que sé que él me quiere. 
Ella es el problema, le tiene embrujado, no sé que le da, claro que será sexo y él con lo bobo que es y que además no le gustan esas muestras de afecto tan efusivas. Delante de mi se lo comía a besos. Se ha dejado engañar
Sufro cada vez que los veo juntos y lloro y lloro y rezo y rezo y le pido a Dios que esa chica desaparezca que se vaya a su país, que Antonio vuelva a hablarme. Me duele cuando paso a su lado y no responde a mi saludo, pero él me quiere escuchadora estoy segura. Hace un año que están juntos. ¿Hasta cuando va a durar esto? ¿y si la muy puta se queda embarazada? porque solo quiere papeles, sería muy duro para mi aceptar al hijo de otra, ¡¡que horror!! no podría soportarlo. Ya no me quedan lagrimas, le amo tanto que haría cualquier cosa por él. Escuchadora yo me moría por un beso suyo, por un roce, por una caricia, que felicidad extender la crema hidratante  sobre su espalda el año pasado en la piscina, antes de que apareciera esta, y que él me dijera - Para, que me pongo contento. No supe hacerlo escuchadora, no me abrí lo suficiente, esperé que fuera él quien diera el paso, y ella apareció
corriendo y como una leona, lo atrapo entre sus fauces. 
Me quiere y no descansaré hasta que estemos juntos pero estoy agotada, no sé que puedo hacer, paso por su calle, por el parque en el que corre y quiero verle y abrazarle pero ella siempre esta ahí.
El es el hombre de mi vida y ella desaparecerá, romperán, ella es mala y yo soy buena y le quiero de verdad.  No es feliz, no puede ser feliz con otra. Me dijo su amigo que habría boda y me partió el alma. Es a mi a quien quiere. Cuando ella desaparezca todo volverá a ser como antes.

martes, 10 de mayo de 2016

LA NAUSEA. CASO 524

-No tengo obsesión con esta persona, no estoy enamorada. He sido su juguete durante dos años, siempre disponible, mendigando una caricia o un beso robado
-Ya no le amo, repitió Elena afirmando su convencimiento.
-No quiero que vuelva a llamarme, no le soporto. Y sin embargo le hablo con tanto cariño que cree ser el amor de mi vida. Dice que está enamorado de una chica joven que, dejando volar mi mi imaginación, será alguna monitora del centro de recuperación de adictos al que asiste. Un intento mas, a sus 50 cumplidos, de dejar la cocaína que parece estar funcionando, de lo contrario se hubiera enamorado de otra yonky.
Puedes entender, escuchadora, que estoy cansada de esta relación
sin nombre. No voy a contarte nada de un pasado que apesta a abuso, desprecio y humillación. Pero, ya que tus oídos están siempre atentos, te diré que siento que mi misión está cumplida. 
Me enamoré en un sueño y he despertado. No voy a perder ni un segundo de mi vida en emociones torcidas. Reconozco mi propia adicción a relaciones enfermizas y la entrego sin dolor, mi derrota es definitiva y agradezco la experiencia aunque suplico a mi alma que no me deje recaer. No a la nausea. Escuchadora, sé que mañana sabré decir no. 

miércoles, 13 de abril de 2016

ESCUCHO LA VOZ QUE HABLA EN MI CORAZÓN

«Oigo en mi corazón una voz que dice: "Busca mi rostro"» (Sal 27)

No escuchamos sólo con nuestro oído. Nuestro cuerpo también escucha. Una palabra, cuando encuentra un cuerpo abierto, se extiende por el. El silencio crea una resonancia en la Palabra. Después de hacer silencio se escucha mejor. El silencio es un vacío y se hace presente una plenitud. Sólo el vacío puede dar resonancia. No se puede cantar con la boca llena. Es necesaria la capacidad de escucha.

El oído no selecciona. La vista es más selectiva. El oído se entera de todo. Del canto del pájaro y del silbido del viento. El silencio es necesario para seleccionar la Palabra y para decir lo que el salmista. Oigo en mi corazón una voz.

Para escuchar es necesario el afecto. Nuestra escucha es inmensamente provocadora. La escucha inspira al otro. Si escuchas, desatas las vallas del otro y provocas su palabra.

La Palabra, si nos toca y nos hiere, nos puede acompañar eternamente. Busca la Palabra que habita en tu corazón. No la busques fuera. De alguna manera ya está dentro. Escúchala. Lo que hace la Palabra es despertar algo que ya está dentro de nosotros. Por el silencio uno aprende a escuchar sin anticipación. No adelantarnos a la palabra es buena cosa. No decir antes de tiempo lo que el otro nos tiene que decir.

La música es después de escucharla. La música se celebra después de que el sonido se haya consumido. La Palabra es después que ya ha concluido el sonido. La escucha pide una atención total y llena. No estamos acostumbrados a la escucha porque todo nos reclama. Y es una pena porque a la música se la profana si no se la escucha. Hemos de ser pura escucha. La escucha no tiene otra cosa que hacer sino escuchar. Escuchar sin influir sobre lo que nos llega.

Hay que dejar nadar al pez; volar al pájaro; a la Palabra que suene. Id aprendiendo esto. ¡Qué bueno es no influir en nada! Como en la respiración. La palabra es toda ella una acción. La palabra que resuena dentro de nosotros es una presencia llena de dinamismo. Pero hay que dejarla libre para que resuene.

Dios tiene una palabra sola: Jesús. La simplicidad de Dios es manifiesta. Y es que en una Palabra pueden florecer las demás. Basta escuchar una palabra para que ella vaya madurando. Una palabra que recoja siempre nuestro silencio y nuestra atención. La Palabra nos buscará a nosotros. No la manipulemos. En el silencio nos puede encontrar. Una palabra breve es mejor. Una vez encontrada no reflexionemos sobre ella. Hacerlo es separarse de ella.


 Me ha gustado y me lo he traído de aqui

martes, 1 de septiembre de 2015

CONQUISTAR LOS PENSAMIENTOS INÚTILES. REFLEXION

Conquistar los pensamientos inútiles
Los síntomas de los pensamientos inútiles son sentimientos de angustia, pérdida de felicidad o de bienestar, una mente alterada llena de confusión o incapacidad para tomar decisiones precisas.
Pensar una y otra vez sobre una acción desafortunada ya realizada no es una forma correcta de usar el tiempo. Arrepentirse es bueno si se reconoce como el medio de llevar a cabo una transformación. Sin embargo, la transformación del ser debería suceder en el momento en que hay comprensión y reconciliación. En ese momento, deberíamos discernir si algo fue correcto o erróneo. Después, en un segundo, decidir qué acción o acciones evitaremos de ahora en adelante y qué acción o acciones serán
las que potenciaremos en su lugar. El poder de esta decisión debería aportarnos la experiencia de la felicidad del logro para el futuro.
La práctica de pasar el tiempo pensando sobre las debilidades de los demás nos hace descender a las esferas de influencia de los demás. De esta forma, uno se influye por la carga de pensamientos, en vez de ser él el que influye sobre los mismos. Para acabar con la costumbre de habitar en el vacío de las debilidades de los demás hay que pensar sobre las propias virtudes, valores y fortalezas así como en lo que falta en la propia esfera de influencia. ¿Qué virtud personifiqué hoy? ¿Qué fortaleza debería
haber experimentado, sobre la que trabajaré mañana? ¿Qué valor demostré? ¿Qué necesita desarrollarse aún?
El poder de controlar los pensamientos comienza con:
1) el compromiso con la creencia de que uno tiene una habilidad innata para cambiar los pensamientos inútiles en pensamientos valiosos, y 2) hacerse responsable de los pensamientos, que son las semillas de los sentimientos, las palabras y las acciones. La práctica de desarrollar el poder de controlar consiste en examinar y cambiar a conciencia la calidad y la dirección de los pensamientos.

jueves, 11 de junio de 2015

EL CANARIO. KATHERINE MANSFIELD

El canario

¿Ves aquel clavo grande a la derecha de la puerta de entrada? Todavía me da tristeza mirarlo, y, sin embargo, por nada del mundo lo quitaría. Me complazco en pensar que allí estará siempre, aun después de mi muerte. A veces oigo a los vecinos que dicen: «Antes allí debía de colgar una jaula». Y eso me consuela: así siento que no se le olvida del todo.
...No te puedes figurar cómo cantaba. Su canto no era como el de los otros canarios, y lo que te cuento no es sólo imaginación mía. A menudo, desde la ventana, acostumbraba observar a la gente que se detenía en el portal a escuchar, se quedaban absortos, apoyados largo rato en la verja, junto a la planta de celinda. Supongo que eso te parecerá absurdo, pero si lo hubieses oído no te lo parecería. A mí me hacía el efecto que cantaba canciones enteras que tenían un principio y un final. Por ejemplo, cuando por la tarde había terminado el trabajo de la casa, y después de haberme cambiado la blusa, me sentaba aquí en la varanda a coser: él solía saltar de una percha a otra, dar golpecitos en los barrotes para llamarme la atención, beber un sorbo de agua como suelen hacer los cantantes profesionales, y luego, de repente, se ponía a cantar de un modo tan extraordinario, que yo tenía que dejar la aguja y escucharlo. No puedo darte idea de su canto, y a fe que me gustaría poderlo describir. Todas las tardes pasaba lo mismo, y yo sentía que comprendía cada nota de sus modulaciones.

¡Lo quería! ¡Cuánto lo quería! Quizá en este mundo no importa mucho lo que uno quiere, pero hay que querer algo. Mi casita y el jardín siempre han llenado un vacío, sin duda; pero nunca me han bastado. Las flores son muy agradecidas, pero no se interesan por nuestra vida. Hace tiempo quise a la estrella del atardecer. ¿Te parece una tontería? Solía sentarme en el jardín, detrás de la casa, cuando se había puesto el sol, y esperar a que la estrella saliera y brillara sobre las ramas oscuras del árbol de la goma. Entonces le murmuraba: «¿Ya estás aquí, amor mío?». Y en aquel instante parecía brillar sólo para mí. Parecía que lo comprendiera...; algo que es nostalgia y sin embargo no lo es. O quizá el dolor de lo que uno echa de menos, sí, era este dolor. Pero ¿qué era lo que echaba de menos? He de agradecer lo mucho que he recibido.

...Pero, en cuanto el canario entró en mi vida, olvidé a la estrella del atardecer: ya no me hacía falta. Y aquello ocurrió de una manera extraña. Cuando el chino que vendía pájaros se detuvo delante de mi puerta y levantó la jaulita donde el canario, en vez de sacudirse como hacían los dorados pinzones, lanzó un débil y leve gorjeo, me sorprendí a mí misma diciéndole:

-¿Ya estás aquí, amor mío?

Desde aquel instante fue mío.

...Aún me asombra ahora recordar cómo él y yo compartíamos nuestras vidas. En cuanto por la mañana quitaba el paño que cubría su jaula, me saludaba con una pequeña nota soñolienta. Yo sabía que quería decirme: «¡Señora! ¡Señora!». Luego lo colgaba afuera, mientras preparaba el desayuno de mis tres muchachos pensionistas, y no lo entraba hasta que volvíamos a estar solos en casa. Más tarde, en cuanto terminaba de lavar los platos, empezaba una verdadera diversioncita nuestra. Solía poner una hoja de periódico en la mesa, y, cuando colocaba la jaula encima, el canario sacudía las alas desesperadamente como si no supiera lo que iba a ocurrir. «Eres un verdadero comediante», le decía riñéndolo. Le frotaba el plato de la jaula, lo espolvoreaba de arena limpia, llenaba de alpiste y de agua los recipientes, ponía entre los barrotes unas hojas de pamplina y medio chile. Y estoy segura de que él comprendía y sabía apreciar cada detalle de esta ceremonia. ¿Comprendes? Era, de natural, de una pulcritud exquisita. En su percha jamás había una mancha. Y sólo viendo cómo disfrutaba bañándose se comprendía que su gran debilidad era la limpieza. Lo que yo ponía por último en la jaula era el envase en que se bañaba. Y al momento se metía en él. Primero sacudía un ala, luego la otra, después zambullía la cabeza y se remojaba las plumas del pecho. Toda la cocina se iba salpicando de gotas de agua, pero él no quería salir del baño. Yo solía decirle: «Es más que suficiente. Lo que quieres ahora es que te miren». Y por fin, de un salto, salía del agua, y sosteniéndose con una pata se secaba con el pico, y al terminar se sacudía, movía las alas, ensayaba un gorjeo y levantando la cabeza... ¡Oh! No puedo ni siquiera recordarlo. Yo acostumbraba limpiar los cuchillos mientras tanto, me parecía que también los cuchillos cantaban a medida que se volvían relucientes.

...Me hacía compañía, ¿comprendes? Eso es lo que me hacía. La compañía más perfecta. Si has vivido sola, sabrás lo inapreciable que eso puede ser. Sin duda tenía también a mis tres muchachos que venían a cenar, y a veces se quedaban en casa leyendo los periódicos. Pero no podía suponer que ellos se interesaran en los detalles de mi vida cotidiana. ¿Por qué se iban a interesar? Yo no significaba nada para ellos: tanto es así, que una noche, en la escalera, oí que, hablando de mí, me llamaban «el adefesio». No importa. No tiene importancia, la más mínima importancia. Lo comprendo bien. Ellos son jóvenes. ¿Por qué me iba a incomodar? Pero me acuerdo de que aquella noche me consoló pensar que no estaba sola del todo. En cuanto los muchachos salieron, le dije a mi canario: «¿Sabes cómo la llaman a tu señora?». Y él ladeó la cabeza, y me miró con su ojito reluciente, de tal forma que tuve que reírme. Parecía como si le hubiese divertido aquello.

...¿Has tenido pájaros alguna vez?... Si no has tenido nunca, quizá todo esto te parezca exagerado. La gente cree que los pájaros no tienen corazón, que son fríos, distintos de los perros y los gatos. Mi lavandera solía decirme cuando venía los lunes: «¿Por qué no tiene un foxterrier bonito? No consuela ni acompaña un canario». No es verdad, estoy segura. Me acuerdo de una noche que había tenido un sueño espantoso (a veces los sueños son terriblemente crueles) y, como que al cabo de un rato de haberme despertado no conseguía tranquilizarme, me puse la bata y bajé a la cocina para beber un vaso de agua. Era una noche de invierno y llovía mucho. Supongo que aún estaba medio dormida: pero, a través de la ventana sin postigo, me parecía que la oscuridad me miraba, me espiaba. Y de pronto sentí que era insoportable no tener a nadie a quien poder decir: «He soñado un sueño horrible» o «Protégeme de la oscuridad». Estaba tan asustada, que incluso me tapé un momento la cara con las manos. Y luego oí un débil «¡Tui-tuí!». La jaula estaba en la mesa, y el paño que la cubría había resbalado de forma que le entraba una rayita de luz. «¡Tui-tuí!», volvía a llamar mi pequeño y querido compañero, como si dijera dulcemente: «Aquí estoy, señora mía: aquí estoy». Aquello fue tan consolador que casi me eché a llorar.

...Pero ahora se ha ido. Nunca más tendré otro pájaro, otro ser querido. ¿Cómo podría tenerlo? Cuando lo encontré tendido en la jaula, con los ojos empañados y las patitas retorcidas, cuando comprendí que nunca más lo oiría cantar, me pareció que algo moría en mí. Me sentí un vacío en el corazón como si fuera la jaula de mi canario. Me iré resignando, seguramente: tengo que acostumbrarme. Con el tiempo todo pasa, y la gente dice que yo tengo un carácter jovial. Tienen razón. Doy gracias a Dios por habérmelo dado.

Sin embargo, a pesar de que no soy melancólica y de que no suelo dejarme llevar por los recuerdos y la tristeza, reconozco que hay algo triste en la vida. Es difícil definir lo que es. No hablo del dolor que todos conocemos, como son la enfermedad, la pobreza y la muerte, no: es otra cosa distinta. Está en nosotros profunda, muy profunda: forma parte de nuestro ser al modo de nuestra respiración. Aunque trabaje mucho y me canse, no tengo más que detenerme para saber que ahí está esperándome. A menudo me pregunto si todo el mundo siente eso mismo. ¿Quién lo puede saber? Pero ¿no es asombroso que, en su canto dulce y alegre, era esa tristeza, ese no sé qué lo que yo sentía?